Inicio Blog Página 2

Sandra Monterroso: ‘El zig zag de la montaña’

Sandra Monterroso - El zig zag de la montaña
Sandra Monterroso. ‘El zig zag de la montaña No. 2’ (2025). (Foto: Cortesía de la artista)

Entre mayo y julio de este año, la artista guatemalteca Sandra Monterroso presentó una serie de obras escultóricas en la NG Art Gallery de Panamá. La muestra, titulada ‘El zig zag de la montaña, reflexionó a partir de un simbolismo ancestral vinculado a la naturaleza, partiendo del hilo como metáfora de legado y resistencia. 

La artista guatemalteca de ascendencia maya q’eqchi’, Sandra Monterroso, presenta la exposición El zig zag de la montaña en NG Art Gallery, en Panamá. Reconocida por explorar las tradiciones ancestrales mayas, la memoria colectiva y las narrativas decoloniales, la artista presenta en esta muestra sus obras más recientes en las que se aprecian novedosas aproximaciones visuales y conceptuales.

En su declaración de artista, Monterroso indica: Mi práctica artística gira en torno a restaurar mi herencia cultural ancestral como artista maya. Desde una perspectiva descolonial mi trabajo aborda temas culturales, económicos, políticos y de despojo territorial que sufren los pueblos indígenas. Trabajo con escultura, video, performance y textiles utilizando pigmentos naturales como indigófera, cochinilla, cúrcuma, fustic, clorofila, aguacate, flores, etc. En mi enfoque estilístico incorporo la espiritualidad maya, textiles y materiales orgánicos para crear obras de arte que en sus signos y niveles de significado invitan a sanar heridas coloniales y preservar el conocimiento indígena”. 

El título de la exposición está inspirado en una de las obras, El zig zag de la montaña No. 2  (2025), realizada con listones de madera colocados en zigzag que hacen referencia a una cadena montañosa. Para los mayas, la montaña es un símbolo sagrado y un elemento central de su cosmovisión que representa el lugar de origen, un vínculo con los ancestros, así como un centro de poder y fertilidad. De cada uno de los diez listones cuelgan fibras trenzadas y teñidas con colores naturales obtenidos de plantas e insectos como la indigófera, la cúrcuma, la manclura tentoria y la cochinilla. En su trabajo textil la fibra y la coloración están interconectados y estrechamente ligados a su herencia cultural maya. Sus más recientes investigaciones se enfocan en la relación de los tintes naturales, la medicina ancestral y la espiritualidad y como estas se materializan a través del textil.

Sandra Monterroso - El zig zag de la montaña
Sandra Monterroso. ‘El zig zag de la montaña’. Vista de la exposición. (Foto: Cortesía NG Art Gallery | Alfredo Martiz)

Los nudos trenzados también están relacionados con las tradiciones ancestrales. Desde el punto de vista práctico permiten atar y asegurar objetos, también sirven para registrar información y transmitir significados religiosos o rituales. El trabajar los hilos llevó a Monterroso a preguntarse: “¿Cómo está hilada la historia colonial de nuestros territorios? ¿Estamos dispuestos a cortar estos nudos que amarran las desigualdades y violencias que generan, la discriminación, el racismo, el euro centrismo, el patriarcado y el extractivismo?”. Por otra parte considera que “la invitación a deshacer los nudos o cortarlos está ligada a la liberación, es decir estamos invitados a liberarnos; sin embargo, siempre va a existir la imposibilidad colonial de desatarnos”. Una novedad a nivel formal es el uso de luz artificial que proviene de fibras sintéticas colocadas en la parte posterior y le dan a la pieza un aura de espiritualidad.  

Otra obra significativa es Rax, hilos de agua verde y azul (2024), una instalación de pared hecha con trece jícaras dispuestas en zigzag de las que salen, en forma intercalada, madejas de lana teñidas de azul (indigófera) y verde (cúrcuma). El uso de las jícaras, recipientes tradicionales guatemaltecos hechos de la cáscara del fruto del árbol de morro que se utilizan para bebidas alimenticias y rituales, y la palabra Rax, que en maya q’eqchi’ significa verde, son claras referencias a sus raíces mayas. Para los mayas el agua no es simplemente un recurso, sino un elemento sagrado con vida propia y una profunda conexión su cosmovisión. Desafortunadamente, la contaminación de las aguas y la construcción de hidroeléctricas que han causado el estiaje de algunos ríos en Guatemala constituyen un grave problema que afecta no solo a las comunidades indígenas sino a la población en general. 

Sandra Monterroso - El zigzag de la montaña
Sandra Monterroso. ‘El zig zag de la montaña’. Vista de la exposición. (Foto: Cortesía NG Art Gallery | Alfredo Martiz)

Monterroso realiza a través de esta y otras de sus obras expuestas lo que se denomina “artivismo”, es decir que utiliza las obras de arte como herramientas para llamar la atención sobre distintas problemáticas y promover cambios sociales y políticos. La artista se siente comprometida con la realidad sociopolítica de Guatemala, un país que durante décadas vivió una guerra civil y que en la actualidad enfrenta problemas de corrupción, desigualdad social, altos niveles de pobreza y exclusión. Obras como La venda, la herida, la cura 5 (2025) y la serie La Paradoja de Sanar No. 9 (2023-2025) denuncian y llaman a la reflexión a través de sus títulos. 

En esta nueva exposición, Sandra Monterroso invita al público a explorar temas como la identidad, la historia y la sanación a través de un trabajo textil novedoso a nivel técnico y conceptual. Al utilizar formas y colores naturales, transmite una sensibilidad que evoca la fuerza y ​​la resiliencia de la naturaleza y las culturas originarias, al tiempo que llama la atención a las problemáticas sociopolíticas y ambientales que afectan no solo a Guatemala sino al mundo entero.  

La dualidad del hombre y la utopía, una conversación con el artista Magro

0
Rodrigo Colindres, "Magro"
Rodrigo Colindres, «Magro», en su taller durante la residencia R.A.R.O. de Barcelona, España. (Foto: BB Morán)

Tras concluir su residencia en R.A.R.O Barcelona -un programa que acoge a artistas internacionales para desarrollar prácticas artísticas y de investigación-, charlamos con el artista guatemalteco Rodrigo Colindres, también conocido como MagroLa conversación nos llevó a conocer más sobre el proyecto que desarrolló durante su estancia, y en la que exploró la dualidad del ser humano, la migración y la construcción de mundos utópicos, a través de sus reinterpretaciones sobre los cuentos de hadas. En su obra, Magro fusiona el cuerpo humano con elementos fantásticos y arquetipos fabulescos, creando así, un mundo imaginado donde lo personal y lo político se entrelazan. 

Nina Syed: ¿Cuál es la historia detrás del proyecto que desarrollaste durante tu estancia en R.A.R.O? 

Magro: El proyecto se llama La Fiaba y estoy retomando la idea de cuento de hadas como una narrativa propia, reimaginando cuál es la dirección que toma el cuento tradicional, que habla sobre una lucha entre bien y mal; un conflicto de poder que tiene que ver con dualidad, luz y oscuridad. Se me ocurrió hacerlo desde otra sintonía, desde una mirada con integración, sabiendo que se trata de una lucha sin fin. Vivimos en un mundo donde la dualidad es latente y tomamos decisiones en nuestras vidas donde puede que seamos buenos o malos.  

Esto se vincula a mi razón de vida que creo es generar conciencia y tomar noción que somos seres multidimensionales -hablando de esferas desde lo tangible a lo intangible y de un mundo interno a un mundo externo-, para encontrarnos a nosotros mismos. Quiero que vivamos en un mundo en donde todos tengamos los mismos derechos y condiciones para superarnos y salir adelante. Todo lo que hago va dirigido a un mundo ideal y a una utopía.

NS: En tu trabajo representas al cuerpo humano incorporando elementos fantásticos. ¿Qué te atrae de la corporalidad y cómo forma parte de tu mundo utópico? 

M: Me dedico al tatuaje desde hace siete años y eso me ha hecho explorar la identidad, desde cómo cada quien está diseñándose a sí mismo y encontrándose en los símbolos que van impregnando en sus cuerpos. Mi pregunta es: ¿Quién soy y cuál es la identidad que estoy ejerciendo como co-creador en otra persona? Pensaba mucho en eso y el cuerpo como un terreno. Si estoy diseñando y dejando mi arte en un cuerpo, es porque hay alguien que me está cediendo parte de ese terreno para dejar una parte de mí. No solo es algo tangible, sino también es energía. Soy muy consciente de lo que vamos alojando en nuestro cuerpo, tanto traumas como momentos bonitos y emociones. Es algo que va quedando como un registro en nuestro terreno.  

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por MAGRO (@magrocreando)

NS: Tu obra desafía la forma en que los cuentos de hadas tradicionales representan a la humanidad y sus errores. También te has expandido hacia historias bíblicas como la Torre de Babel. ¿Cómo reinterpretas estas historias para que formen parte de tu mundo creativo? 

M: Mientras estaba en el proceso de conceptualización y de investigación, pensé qué utilidad tiene la escultura en la forma en la que se puede utilizar en sociedad, pero no desde el capitalismo que solo adquiere piezas. La función que tiene la sociedad es la de crear un diálogo y plasmar un mensaje o un momento en el tiempo. Sobre la Torre de Babel, recuerdo mitos bíblicos que me contaban y me gustaban muchísimo, porque en esos momentos de niño uno tiene muchísima imaginación. No me gusta la narrativa que llevó a que se creara un monumento que quiere acercarse al Cielo como una representación del mundo ideal, más allá de que haya venido un dios a derrumbarlo porque hirió su ego. Para mí, los dioses no tienen ego. 

Si un grupo de gente en comunidad se ponen de acuerdo en crear un monumento por el fin de la exploración de intentar llegar al Cielo, pero que un castigo divino les separe en lenguas, no me parece para nada altruista. Quise reinterpretar eso: en vez de estar divididos por idiomas, nos podemos unir y co-crear. El monumento es un símbolo de co-crear una sociedad alrededor de este monumento en el que no haya divisiones culturales, ni idiomas, etc. Es un resurgimiento de la Torre de Babel y es la forma en la que yo quiero crear mi nuevo universo, ese nuevo imaginario.

NS: ¿Cómo ha evolucionado tu trabajo en cuanto a lo material?  

M: Desde niño exploré el dibujo y la escultura. Cuando me di cuenta que el dibujo bidimensional no me satisfacía, creé mis propios juguetes con plasticina y también mis propias herramientas con lo que encontrara. Retorcía la plasticina y cuando me liberaba de ella, notaba el registro de mis huellas dactilares. La experiencia táctil que tienes con la escultura es un proceso diferente, emocional, más inmersivo, así como el contacto con una materia.

Al final, los pinceles son un medio, una herramienta que te está separando un poco de lo que estás creando, pero si trabajas con las manos, se siente muy empoderante. Deja un poco la huella propia en el trabajo. Creo que es muy lindo cómo puedes dejar parte de tu cuerpo en una figura. A los 15 años hice experimentos con piñatas, con papel. Era algo me encantaba, pero lo dejé. Cuando salí de la Facultad de Artes, decidí enfocarme en una disciplina que nunca había hecho mucho, que fue la pintura. Me fue un medio para terapia, para ir explorando mucho de mí. Era poético porque a medida que iba añadiendo capas en la pintura, yo iba quitando capas en mi alma. 

NS: Has viajado como artista a Guatemala, Austria, Italia y España. ¿Sientes que tu visión cambia dependiendo de tu ubicación? 

M: Lo que he creado en Guatemala versus estando aquí en Barcelona ha sido completamente diferente. En mi primera vez en Europa, veo nociones que identifico como idealizaciones y quería solo tener confirmación de estas. Al final, la narrativa de una utopía o de un mundo ideal habla de esto: de sociedades y de terrenos, de cómo viven bajo otras leyes, otros derechos, otras normas, otras historias. He aprendido y he absorbido cómo viven aquí y he hecho la comparativa de qué es distinto de lo que yo ya conocía de Latinoamérica. Tal vez hay sociedades, como por ejemplo Austria o Viena, donde estuve y que tienen un ritmo de vida distinto y hay mucho orden. Luego ves el contraste de Barcelona que sería bastante parecido al de Guatemala, o al caos de Latinoamérica. Se puede llegar a aprender de un shock cultural y creo que es algo que te cambia un poco.

NS: Durante estos viajes has trabajado en espacios de co-creación junto a otros artistas. ¿Cómo ha influido en tu obra la mirada de otro artista presente? 

M: En Guatemala siento que trabajo mucho aislado. Uno como artista no deja de ser humano, necesitas interactuar con alguien porque si no, es un diálogo contigo mismo y se vuelve repetitivo. Necesitas alguien que te plantee una perspectiva nueva o te haga reflexionar acerca de algo, que te haga una pregunta que origine algo nuevo. En R.A.R.O interactúe con gente de todos lados: de Estados Unidos, Suiza, Brasil, Italia, Taiwán, Polonia, India, Barcelona, etc. Son un montón de personas y cada quien con ideas muy buenas, entonces absorbes directamente de sus temáticas o sus formas de desarrollar sus proyectos. Me gusta crear en colectivo, me gusta estar en un grupo porque siento que es muy nutritivo. La experiencia humana se hace más divertida en conjunto.  

NS: ¿Hay artistas que han formado tu visión creativa temática o materialmente? 

M: Por más que soy artista visual, me fascina la música y quien me ha salvado de estos momentos que he necesitado compañía, es un compositor que se llama Ludovico Einaudi. La música puede ser una gran compañía. Yo trabajo con ella todo el tiempo. Es como que, escuchas una pista y sientes la calidez del hogar o el confort. Hay una canción del artista Pablo Nutini, que se llama Iron Sky, y que habla de una lucha por la sociedad y de resistir ante la crueldad de un mundo tecnocrático y autoritario. Es algo que me empodera. 

Mi obra habla mucho de mí y de lo que considero que sería un mundo mejor para mí y para quienes coinciden en estos ideales. Primero hago esto por mi madre, ella ha sido quien me ha apoyado toda la vida y siento que se la debo. También lo hago por mi hermano y para servir como inspiración a otros. Me inspira ver cómo trabajan otros artistas, cuáles son sus talleres, sus cuentas de inspiración y sus temáticas.  

‘Bricks and Grids’: Zoila Andrea Coc-Chang y Modou Dieng

Zoila Andrea Coc-Chang y Modou Dieng - Bricks and Grids
‘Bricks and Grids’. Zoila Andrea Coc-Chang y Modou Dieng, 193 Gallery, Venecia, Italia. Vista de la exposición. (Fotografía: Gabriele Bortoluzzi. Cortesía: 193 Gallery)

La historiadora, crítica y curadora del arte Francine Birbragher-Rozencwaig comparte una reflexión sobre ‘Bricks and Grids’ (‘Ladrillos y cuadrículas’), muestra artística que toma lugar durante la 19ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia, en la que participan la chino-guatemalteca Zoila Andrea Coc-Chang y el senegalés Modou Dieng Yacine. Juntos proponen una mirada deconstructiva sobre la historia y los sistemas económicos a partir de sus historias personales. 

La 19ª Bienal Internacional de Arquitectura, que se lleva a cabo del 10 de mayo al 23 de noviembre del 2025 en Venecia, Italia, tiene como atractivo, además del programa oficial, numerosos eventos paralelos. Uno de ellos es la exposición que presenta 193 Gallery titulada Bricks and Grids (Ladrillos y cuadrículas). Curada por Miriam Bettin, la muestra presenta obras de la artista de origen chino-guatemalteco Zoila Andrea Coc-Chang y del senegalés Modou Dieng Yacine, ambos residentes en Estados Unidos. Bettin propone un interesante diálogo entre las propuestas de estos dos creadores. Mientras que Modou Dieng Yacine investiga los rastros de la historia afrodescendiente en Venecia a través de sus pinturas fotográficas de entornos sociales y arquitectónicos, Zoila Andrea Coc-Chang deconstruye los sistemas económicos de poder mediante sus tejidos escultóricos elaborados con granos, residuos de alimentos y materiales sintéticos.

Si bien los soportes técnicos que utilizan son totalmente distintos, ambos basan sus trabajos en elementos estructurales y repetitivos subyacentes que recuerdan componentes y sistemas asociados con la arquitectura. En algunas de las pinturas de Dieng Yacine se aprecian fachadas de conocidas edificaciones venecianas como el Palazzo Ducale y baldosas como las del piso de la galería. Por otra parte, en los tejidos de Coc-Chang se observan los patrones de la urdimbre entrelazados con chiles secos, cáscaras de frutas y envolturas de alimentos que rastrean las interconexiones que existen entre Asia y las Américas a través de la migración y el comercio transpacífico de alimentos. Como indica Bettin en su texto curatorial:

«En su serie Contra la pared (ladrillos de comida) (2021-en curso), Zoila Andrea Coc-Chang encapsula diferentes ingredientes obtenidos de la familia, los amigos, las comidas compartidas y los residuos alimentarios en ladrillos compactos de sal y azúcar. La obra dialoga con el edificio de la galería, cuyos ladrillos, afectados por una inundación pasada, contienen sal en su interior, que aflora gradualmente con el tiempo, cristalizándose a lo largo del material y en las juntas. Se erigen como testigos silenciosos de los efectos cada vez más tangibles del cambio climático y su devastador impacto local y global en las estructuras sociales y las formas de vida. Los ladrillos apilables también pueden interpretarse como una referencia a la densamente edificada ciudad lagunar de Venecia, donde la vegetación parece imitar la arquitectura vertical». [1]

Zoila Andrea Coc-Chang - 'Llamas'
Zoila Andrea Coc-Chang, ‘Llamas’, 2025. (Fotografía: Zoila Andrea Coc-Chang. Cortesía de la artista y 193 Gallery)

Cuando una artista realiza una obra específica para un sitio en particular (site specific), el concepto de la pieza está estrechamente ligado al lugar donde es instalada. Es el caso de Nuestra Ceiba (2022-2025), un tejido colgante hecho con largas tiras de chiles secos, frijoles negros, semillas de aguacate y cuentas de vidrio que cuelga en el vestíbulo de la galería. La instalación, colocada en la entrada del espacio expositivo, se mimetiza con el entorno en la medida que sus tonos rojos, naranjas y marones compaginan con los de las columnas, las paredes de madera y ladrillo del antiguo edifico. A nivel conceptual, se genera un juego interesante entre las dos columnas con capiteles corintios que la enmarcan y que hacen referencia a la historia de la arquitectura greco-romana veneciana, y el título de la obra que menciona la ceiba, el árbol sagrado que para los mayas significa el vínculo entre los tres niveles cosmogónicos, el inframundo, el plano terrenal y el cielo. En el caso de la instalación, esta conecta el vestíbulo con la espacio expositivo y debe ser atravesada por el espectador si quiere acceder a la muestra.

En Traga luz (2025), un tejido que cuelga de la rama de un árbol hecho con sisal, yute, lana, organza, algodón teñido naturalmente y envolturas de alimentos, el público puede, en primera instancia, apreciar su delicadeza y la belleza de su colorido. Pero es necesario ir más allá de esa primera impresión. El título, “traga luz”, hace referencia a un elemento arquitectónico, una ventana construida en el techo con el objetivo de permitir la entrada de luz exterior. Pero la luz a la que se refiere Coc-Chang no es solamente la luz solar. Es también la historia que transmite en tejidos escultóricos como Llamas (2025), Recuerda mirar hacia la tierra (II) y (III) (2024) y Mat Je Fung Seng (¿Qué te dice el viento?) II (2023-2025), relacionada con su propia experiencia de migración, memoria familiar y conocimiento ancestral.

Zoila Andrea Coc-Chang - 'Traga luz'
Zoila Andrea Coc-Chang, ‘Traga luz’, 2025. (Fotografía: Zoila Andrea Coc-Chang. Cortesía de la artista y 193 Gallery)

Los ingredientes efímeros que componen sus tejidos, a menudo recolectados de comidas compartidas o rituales cotidianos, se combinan con materiales industriales como envoltorios de plástico o cables telefónicos, formando composiciones en capas que hablan de la estrecha relación que existe entre los alimentos y la identidad. Por otra parte, mediante el uso de productos agrícolas, telas teñidas a mano y desechos sintéticos la artista llama la atención sobre las geografías desiguales del acceso y las economías domésticas del cuidado, especialmente en comunidades diaspóricas y marginadas. Al integrar fibras naturales con empaques encontrados, crea tejidos híbridos que oscilan entre la fragilidad y la resistencia. Son piezas que, por su naturaleza orgánica, están en constante cambio, al igual que las comunidades a las que honran, en particular la guatemalteca y la china.

Es ahí precisamente donde compaginan conceptualmente las obras de Coc-Chang y Dieng Yacine. Si las composiciones urbanas de las pinturas de este último reflexionan sobre la memoria, la identidad y la visibilidad de las comunidades afrodescendientes marginadas dentro de la arquitectura de Venecia, los tejidos de la artista hacen referencia a sus raíces mayas ancestrales y a la migración como componente fundamental de su propia identidad. Ambos artistas ofrecen retratos de redes, comunidades y vínculos emocionales transcontinentales dentro de la diáspora, invitando al público a repensar la arquitectura no solo como una forma física, sino también como un espacio metafórico de conexión, resistencia e imaginación.

[1] Miriam Bettin, “Bricks and Grids. Modou Dieng Yacine & Zoila Andrea Coc-Chang”, 193 Gallery Venezia, 2025. Traducido por la autora. Accedido junio 7, 2025.

Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes 

Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes
Álvaro Tzaj Yotz, ‘Los MayAngeles’, 2023. Óleo sobre lienzo. (Foto: cortesía Gregory Allicar Museum of Art, Colorado State University)

Cuatro miradas tejen la historia del territorio hoy llamado Guatemala en la exposición Maya Guatemala and Us: Divergent Convergences, realizada en el Gregory Allicar Museum of Art de la Colorado State University. A partir de una simbiosis entre elementos prehispánicos y hechos relacionados tanto a la colonización y a las intervenciones económicas de la contemporaneidad, la muestra pone en tensión el pasado y el presente maya. 

El Gregory Allicar Museum of Art de Colorado State University presenta la exposición Maya Guatemala and Us: Divergent Convergences (Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes) del 4 de abril al 27 de julio del 2025. La muestra ofrece una narrativa visual de las confluencias existentes entre la civilización maya y sus pueblos, y los pueblos de Norteamérica y Europa. Según sus organizadores, a nivel cultural existen similitudes y puntos de referencia compartidos entre estos territorios. Sin embargo, pesan las divergencias resultantes de procesos históricos complejos tales como los desplazamientos y las luchas por el poder.  

Según la directora del museo, Lynn Boland, la exposición “refleja con fuerza las complejidades de la relación entre Guatemala y Estados Unidos y plantea temas relacionados para su reflexión y diálogo”. Organizada según un relato histórico-temático, la muestra utiliza el trabajo pictórico de artistas guatemaltecos para ilustrar una historia que comienza con el pasado ancestral de los pueblos originarios mayas, cuyo desarrollo fue interrumpido por la conquista y colonización europeas. Desde entonces, estos pueblos mayas han sufrido opresión, desplazamientos, discriminación y violencia. Sin embargo, como intenta mostrar la exposición, en un contexto histórico complejo, semejanzas y diferencias pueden abrir caminos que generen nuevas oportunidades. 

Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes
‘Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes’. Vista de la instalación. (Foto: cortesía Gregory Allicar Museum of Art, Colorado State University)

La primera subsección de la exposición La vida maya: antes de la convergencia hace referencia a la civilización maya (1000 a.e.c. – 1520 e.c.), una de las más notables de la antigüedad. Los mayas construyeron una civilización pluralista con un sentimiento de cohesión identitaria y cultural que ha sobrevivido por siglos. Las pinturas de L. Alex Rodas incluidas en la muestra captan el espíritu de la civilización maya antigua. Rodas, quien estuvo encargado de la dirección estética de la exposición, representa en sus cuadros expresiones intergeneracionales de los pueblos maya utilizando colores vivos y patrones intrincados adornados con símbolos asociados con la naturaleza como los pájaros, las flores y el maíz.  

La segunda subsección, La convergencia divergente: el ‘descubrimiento’ y la religión, aborda el periodo de la Conquista (1519-1694). Si bien la intención inicial de los europeos era adquirir control territorial y ampliar las vías comerciales, la bula Inter Caetera del Papa Alejandro VI (1493), conocida como “La doctrina del descubrimiento”, justificó la dominación de los supuestos “infieles” y el desarrollo de una sociedad racista y discriminatoria. En dos cuadros de Job Paredes, La primera cena y Conquistador, se aprecian las complejidades de la convergencia de la civilización maya con la Europa cristiana, así como el sincretismo que predomina hoy en día, tanto en lo ritual como en lo cotidiano. 

Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes
Piezas de Edgar Fuentes en ‘Guatemala Maya y Nosotros: Convergencias Divergentes’. (Foto: cortesía Gregory Allicar Museum of Art, Colorado State University)

Las obras reunidas bajo el título La convergencia divergente: tierra y poder económico, hacen referencia a la problemática de la territorialidad y las intervenciones económicas internacionales en Guatemala. El caso más controversial es el de la United Fruit Company, hoy Chiquita Brands International. En 1901, el gobierno guatemalteco le otorgó a esta empresa terrenos y beneficios impositivos para cultivar el banano, lo que causó el despojo de tierras y el desplazamiento de numerosas poblaciones mayas que fueron sometidas a trabajar por salarios bajos en duras condiciones laborales. Las cuatro pinturas de Paredes expuestas en el museo tienen como común denominador el banano, símbolo de las graves consecuencias que, por más de un siglo, ha tenido la presencia de la United Fruit Company en Guatemala. 

El Conflicto Armado Interno (1954-1996) marcó uno de los capítulos más sangrientos y complejos de la historia de Guatemala. Bajo el título La convergencia divergente: ideología y poder político, la muestra incluye obras de Job Paredes y Edgar Fuentes que sirven de testimonio de ese momento histórico. Las piezas de Fuentes, realizadas en carboncillo y óleo sobre lienzo, documentan la actividad bélica y las atrocidades experimentadas por la población durante la guerra y en particular bajo el gobierno del dictador militar José Efraín Ríos Montt (1982-1983), las cuales incluyeron torturas, masacres y violaciones. 

Job Paredes, ‘ríoUSAmontt’, 2022. Óleo sobre lienzo. (Foto: cortesía Gregory Allicar Museum of Art, Colorado State University)

La última sección, La convergencia divergente: rechazo y esperanza, aborda el tema de la inmigración y los procesos de fusión cultural que esta genera. Las obras Álvaro Tzaj Yotz ilustran el encuentro de culturas al combinar tradiciones mayas con símbolos icónicos de la cultura norteamericana como la estatua de la libertad o el letrero de Hollywood. En WEave the People un personaje maya con cabeza de pájaro, que simboliza la relación del hombre con lo celestial y el mundo natural, teje una bandera de Estados Unidos.

Detrás aparecen un personaje con cabeza de águila y un águila volando que simbolizan los Estados Unidos, el monumento a Washington y templos mayas sobrevolados por papagayos. Tanto la iconografía del cuadro como su título, un juego de palabras que hace alusión a la frase We the people preámbulo de la constitución de los Estados Unidos, enfatizan el hecho de que, a pesar de las diferencias y las relaciones conflictivas, existen interconexiones entre los diversos pueblos y culturas que cada vez son más evidentes y deben ser vistas como oportunidades para un futuro más amable y esperanzador. 

Corporalidades y miradas en la obra de Mena Guerrero 

0
Mena Guerrero
Detalle de papel tapiz artesanal y cerámicas en ‘Habiter la Faille’, 2025. Fundación Fiminco. (Foto: Manuel Abella)

En su reciente exposición Habitar la Faille, la artista guatemalteca Mena Guerrero reunió papel tapiz, pinturas, incienso y cerámica para narrar la transformación del cuerpo y los recuerdos. Durante su residencia en La Fabrique -proyecto impulsado por la Fundación Fiminco de Francia-, presentó una instalación en la que volcanes, flores y mangos dialogaron como símbolos personales de su memoria.

Desde la ciudad industrial de Romainville, a las afueras de París, Francia, la artista guatemalteca Mena Guerrero reflexiona sobre su entorno con atención. Las paredes del antiguo complejo farmacéutico donde hoy se encuentra la Fundación Fiminco, que se ha transformado en centro cultural, atestiguan el proceso más reciente de la artista, en el que busca repensar su obra bajo un nuevo panorama.  

La Fundación Fiminco ha ganado reconocimiento internacional por su programa de residencias La Fabrique, que consiste en una iniciativa que reúne cada año a artistas de todo el mundo en un entorno de experimentación técnica y conceptual. Durante 12 meses, los residentes cuentan con talleres individuales y espacios compartidos donde se cruzan conocimientos, materiales y prácticas. 

Vista de exhibición ‘Habiter la Faille’, 2025. Fundación Fiminco. (Foto: Manuel Abella)

En este contexto, Guerrero formó parte de la exposición colectiva Habiter la Faille, la cual reunió a 12 artistas de su misma generación para explorar los modos en que habitamos los bordes del cuerpo, del lenguaje, del territorio, entre otros imaginarios. La participación del artista en este proyecto marcó un punto de inflexión en su práctica artística. 

“Tenía que replantearme todo”, dice la guatemalteca. “¿Qué sentido tenía seguir trabajando de la misma manera si todo mi contexto había cambiado?”, agrega. El paso de un entorno colonial y volcánico a una ciudad marcada por el acero, el concreto y las vanguardias históricas del arte moderno ha sido un cambio de escenario y también una sacudida conceptual para la artista. 

Nuevas miradas, mismos orígenes

Las temáticas que han guiado su obra, como la memoria, el cuerpo y el paisaje, siguen ahí. Lo que ha cambiado es la forma en que las mira: “Antes trabajaba desde Guatemala, viendo los volcanes, los mangos. Ahora, desde Francia, veo esos mismos elementos de otra manera. Me veo a mí misma desde otro lugar”, explica. Esta distancia no ha lastimado su vínculo con su origen, sino que lo ha profundizado. 

Su cuerpo, dice la artista, se ha convertido en un contenedor de memorias. Ya no se extiende hacia el paisaje como antes, ahora también lo transporta consigo. El volcán, una figura recurrente en su obra, se vuelve símbolo de esa corporalidad expandida: un cuerpo vivo, en constante tensión entre creación y destrucción. 

Mena habla con fascinación de las válvulas de los volcanes, de cómo conducen el magma con tal energía hacia afuera. Para ella, es una forma de entender tanto su proceso artístico como su identidad, la cual ha ido definiéndose a través de sus experiencias. La artista habla sobre la Tierra con origen volcánico y el volcán como principal habitante en nuestro hogar. 

Más allá del símbolo natural, Guerrero construye con el volcán una especie de mitología propia. Le interesa el mito, no como narrativa cerrada, sino como ejercicio poético. Contar un relato para expandir su experiencia y seguir explorando: “Me intrigan los misterios de la vida. De dónde venimos, a dónde vamos, qué significa todo esto. A veces los elementos que incluyo me resultan familiares, pero no sé de dónde vienen. Son anclajes. 

En La Fabrique, esta búsqueda decantó en flores. “La flor es el estadio previo al fruto, un momento delicado”, explica Mena. Después de años trabajando con el mango —un ícono de su infancia, lleno de nostalgia y la ilusión de las visitas de su abuelo—, la flor le permitió regresar a un estado de fragilidad y potencial. La floripondia, con su belleza intrigante, se convirtió en un ancla a su memoria y en un símbolo de dualidad, de delicadeza, peligro, nostalgia y transformación. A la par de este símbolo, Guerrero vuelve al mango una vez más. Se trata de una fruta también cargada de memoria para ella: “La conecto con mucha alegría. La época del mango era algo que esperaba con mucha ilusión. Cuando era pequeña mi abuelo siempre nos traía frutas cuando llegaba a visitarnos”. 

El arte como lenguaje compartido

Uno de los aprendizajes más significativos en la Fundación Fiminco para Guerrero ha sido el contacto con otras técnicas y lenguajes. Compartir talleres con artistas de distintas nacionalidades y trabajar en espacios comunes ha ampliado su percepción. “Es como tener un lenguaje con más palabras y más letras”, dice Guerrero. “Ahora siento que tengo mayor capacidad expresiva”, enfatiza.  

Explorar nuevas materialidades, del dibujo al objeto, del color a la instalación, le ha permitido a Guerrero experimentar con lo abstracto y lo figurativo. En su obra reciente, el color se ha vuelto protagonista nuevamente. A través de él también se comunica: “El color tiene muchas posibilidades de decir cosas”. 

Vista de exhibición ‘Habiter la Faille’, 2025. Fundación Fiminco. (Foto: Manuel Abella)

Estar en Francia le ha permitido compartir su visión con un público nuevo, y descubrir que elementos tan personales como el volcán o el mango pueden abrir conversaciones con otras culturas: “Estoy segura de que hay cosas que nos conectan. Aunque vivamos realidades distintas, siempre existen puntos de encuentro”.  

Para Guerrero, el arte no es una práctica cerrada, sino un sistema abierto. Espera poder compartir todo lo que ha aprendido en este nuevo contexto de regreso a Guatemala, y lo ve más allá de una transferencia lineal. Se trata realmente de un intercambio de conocimientos, afectos y memorias.